Publicado en: Mie, May 16th, 2018

Como dejar de ser dramática en 3 sencillos pasos

Ya sabes que ser una Reina del Dramaperjudica no sólo tus relaciones personales y profesionales, sino también tu paz interior. Y es que además de asustar a los demás con tus reacciones exageradas, vives en una montaña rusa emocional que te deja exhausta. También sabes que si adoptas una actitud más ecuánime ante la vida, podrás tener relaciones genuinas, pues la gente que te rodea ya no se amedrentará con tus estallidos. Además, te sentirás más serena y en control de tus reacciones.

Las buenas noticias: existen técnicas que puedes usar —¡ahora mismo!— para comenzar a neutralizar a tu reina del drama interior (ahora sin las mayúsculas) El primer paso es conocer de dónde viene este personaje.

Paso 1. Préstale atención a esas sensaciones que te indican que estás a punto de
estallar. ¿Qué sientes? ¿Un calor que te recorre el cuerpo? ¿Una angustia sobrecogedora? ¿Un nudo en la garganta? Aprende a reconocer tus detonantes. La próxima vez que los experimentes, detente. Cuenta hasta diez… o hasta diez mil, si es necesario. Date un time out para procesar esos sentimientos y recobrar el control. Recuerda: no se trata de reaccionar como si fueras un robot pre- programado; se trata de que aprendas a darte un tiempo para pensar mejor las cosas y actuar de una manera ecuánime y mucho más razonable.

Paso 2. Una vez que te serenes, reconoce el pensamiento distorsionado que te lleva a
sentir o a reaccionar de forma exagerada. Éstos son los más comunes:

❯❯ Pensar siempre de una forma catastrófica. Sacas las cosas de perspectiva e imaginas lo peor. Armas la famosa tormenta en un vaso de agua. Él ya no te quiere; el jefe te va a despedir; perderás la casa y acabarás viviendo bajo un puente. Respira profundo, exhala y pregúntate si de veras la cosa es tan grave… o sólo te lo imaginas.

❯❯ Las generalizaciones. Usas las palabras siempre, nunca, jamás, todos, nadie: “Nadie
me considera”. “Todos me engañan”. “Siempre fracaso”. Recuerda las veces que no ha sido así; no debes generalizar dramatizándolo todo.

❯❯ Leer la mente ajena. Cuando crees que sabes lo que piensan o sienten los demás, te estás dejándo llevar por la imaginación. De nuevo: serénate y pregúntate si realmente puedes estar cien
por ciento segura de saber lo que piensa esa persona, o si sólo estás proyectando en ella lo que piensas o sientes.

❯❯ Pensar en blanco y negro. No ves grises ni términos medios. La situación es maravillosa o terrible;
esa persona es un ángel o un demonio. Tómate unos momentos para recordar que nada es totalmente bueno o malo; aprende a ver los matices.

Paso 3. Prueba otra forma de actuar. Con la cabeza fría, analiza qué pensamientos distorsionados te llevan a exagerar tus emociones. Descubre de dónde vienen y de qué te sirven. Tal vez aprendiste que cuando reaccionas de una manera dramática, controlas a los demás. Descubrirás que es sólo una mala costumbre adoptada en la niñez, cuando mamá te complacía si tenías una pataleta. Acto seguido, ensaya en tu mente una mejor forma de actuar la próxima vez que te sientas al borde de un ataque de histeria. ¿Cómo se comporta una persona así? Serena, ecuánime, bajo control. Visualízate así hasta en el más mínimo detalle. Poco a poco, irás frenando tus reacciones exageradas y tomando el control de tu comportamiento. Podrás entonces decirle adiós a la reina del drama y darle la bienvenida a una encantadora y feliz nueva tú.

 Fuente siempremujer Por:
Foto: iStock
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