Publicado en: Dom, Mar 12th, 2017

CRIMEN DE ESTADO

Por Elvira López Catalán

Hoy es un día muy triste para miles de guatemaltecos, ante una tragedia de tal magnitud, en donde niñas inocentes perdieron sus vidas, y con la gran ironía de estar en ese espacio para ser protegidas de una cruda realidad social, económica y moral que no permitió que se les proteja en sus propios espacios.

Tengo la autoridad para hablar porque trabajé en ese hogar y con esas niñas, y conocí sus historias y sus realidades, y aunque ellas provocaron el incendio, no es correcto criminalizarlas y adjudicarles la responsabilidad de lo sucedido. Tampoco es correcto criminalizar a los padres por tenerlas en ese espacio. Cada realidad es diferente y cada niña y familia tiene una historia complicada y lamentable.

El Estado se organiza para garantizar la vida y la seguridad de las personas y las familias, pero lamentablemente vivimos en un país en donde el Estado está ausente en la mayor parte del territorio, no es un estado protector ni benefactor. No existen políticas públicas de protección a las familias, ni políticas públicas de prevención para que los jóvenes sean empleados y no se involucren en el crimen organizado por falta de oportunidades. No nos convirtamos en jueces juzgando y criminalizando a los adolescentes y sus familias.

Por supuesto que el Estado es el principal responsable de tan lamentable tragedia. Pero es una línea larga desde monitores irresponsables y sádicos (y no todos, claro),  el mismo director que tendría que tener total conocimiento de las condiciones en que se encontraban las adolescentes, hasta el Organismo Judicial, la Procuraduría General de la Nación, la Procuraduría de los Derechos Humanos, la  Secretaría de Bienestar Social, y el mismo Presidente por su irresponsabilidad de no saber dar directrices o buscar asesoría ante un hecho tan trágico.

Al final, Guatemala entera es responsable de esta tragedia; muchos viven en una burbuja preciosa creyendo que el país es Disneylandia y todo anda bien, otros entierran su cabeza como el avestruz, evadiendo una realidad. Ambas son actitudes egoístas; cierran sus ojos y sus oídos ante una cruda, injusta y triste realidad.

Estamos los que conocemos lo que sucede y nos sentimos impotentes o participamos, por un lado y por otro, queriendo contribuir al cambio de este injusto país, pero al final no hacemos nada, incluyo organizaciones de la sociedad civil y hasta de derechos humanos que solo se pronuncian pero, ¿qué lograron?

Las denuncias de lo que ha sucedido en ese hogar vienen desde el 2013 (en lo personal recorrí varias instituciones para denunciar lo que ya estaba sucediendo desde ese año; Procuraduría de los Derechos Humanos, Acción Ciudadana, Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado, Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos OACNUDH, Sobrevivientes, Refugio de la Niñez).

En el 2013 ya se había dado un intento de incendio y luego la muerte de una niña, y eso alarmó y actuaron de manera reactiva solo con las crisis y vuelve todo a lo mismo y la misma sociedad olvida lo que sucedió, y al no darse los cambios y seguirse los procesos necesarios llega el 2017 con esta tragedia nacional que nos enluta y nos entristece profundamente.

Pero la responsabilidad directa es de los funcionarios y servidores públicos que no tienen la voluntad política y la conciencia social para atender a esta niñez y adolescencia abandonada, por un lado; por otro lado los que se aprovechan de llegar a esos espacios para realizar negocios sin importarles cumplir con lo básico y que es derecho de cada niña, como lo es el alimento y el abrigo ( lo que mas denunciaban las niñas es la mala alimentación, y ahí está el gran negocio). Y lo peor, lo más denigrante, lo que no tiene perdón, los que sin ningún escrúpulo y rasgo alguno de humanidad utilizaban a las niñas para prostituirlas, para la trata de personas.

Si algo fuerte tenía que sucedernos como país, es esto. No esperemos una tragedia mayor para concientizar de esta realidad, el sistema está caduco, el estado es fallido, el modelo económico solo beneficia a una pequeña élite económica y la mayoría de la población vive en pobreza y pobreza extrema. La Refundación es necesaria, no simples reformas cosméticas, sino cambios estructurales en donde  todos sean beneficiados y en donde la niñez, la adolescencia y la juventud no se sigan perdiendo. Es el tiempo de la unidad aún en la diversidad, es el tiempo del despojo de protagonismos, sectarismos y descalificaciones cuando la visión es la misma: una Guatemala en justicia.¡Reflexionemos y actuemos!

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