Publicado en: Jue, Jul 12th, 2018

Cuando los niños comen vegetales

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Es difícil no desconfiar al momento de comer. Si no son las cantidades absurdas de azúcar que tienen las bebidas de fantasía, es la abundancia de preservantes y aditivos de los productos procesados. Si no son los pesticidas de las frutas y verduras, son las condiciones repulsivas en las que viven los animales de criadero o los peces contaminados con metales pesados. O el etiquetado que más que informar, desinforma. Así las cosas, los entendidos en el tema aconsejan que hay que leer todo lo que dicen los envases, desde la fecha de vencimiento, la ficha de información nutricional, los ingredientes, hasta el país de elaboración; lavar bien las frutas y las verduras y ojalá, solo si se puede, comer todo hervido o cocido, para aminorar su eventual toxicidad.

También hay alternativas más radicales que implican no solo cambiar los hábitos alimenticios y aumentar el presupuesto mensual para este ítem, sino tener una postura más consciente sobre la importancia de la salud, del bienestar físico, mental y espiritual y del cuidado del medioambiente. Pero ¿qué pasa cuando los padres quieren compartir con sus hijos su forma de ver la vida y comienzan a modificar sus dietas? ¿Se puede eliminar la leche, la carne de vacuno o de ave y los pescados del menú de los infantes y de los adolescentes? ¿Es posible que coman solo verduras, frutas y cereales?

“Un niño puede ser vegetariano sin problemas y está avalado por numerosas publicaciones médicas”, responde José Antonio Soto, pediatra y neonatólogo de la Universidad de Chile, especialista en medicina antroposófica. “Lo fundamental es hacerlo acompañado por médicos y nutricionistas con experiencia para dar los suplementos necesarios. La familia entera debe hacer un cambio en su acervo nutricional, tomar cursos de nutrición vegetariana y abrirse a nuevos estilos de alimentación”, aconseja.

La Asociación Americana de Dietética (American Dietetic Association, ADA) publicó en 2009 que las dietas vegetarianas bien planificadas -incluidas las veganas o totalmente vegetarianas- eran beneficiosas para la salud y apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluido el embarazo, la lactancia, la infancia, la adolescencia y también para los deportistas. “Pero también hizo indicaciones”, dice la nutricionista Verónica Cornejo, magíster en Nutrición Humana de la Universidad de Chile y jefa del Laboratorio de Genética y Enfermedades Metabólicas del Instituto de Nutrición y de Tecnología de los Alimentos, INTA. “Si bien señaló que eran saludables, declaró que dependen de la edad y de la etapa fisiológica de las personas que las realizan. Por ejemplo, una dieta vegetariana en un niño es distinta a la de un adulto o a la de una mujer vegana embarazada”, explica.

El abanico de alternativas alimenticias ‘verdes’ es amplio. Están los ovo-lácteo vegetarianos que basan su dieta en cereales, verduras, frutas, legumbres, semillas, frutos secos, productos lácteos y huevos; los lacto-vegetarianos, que no consumen huevos ni carne de ningún tipo; y los veganos o vegetarianos estrictos, que excluyen todos los alimentos que provengan de animales o que tengan componentes de origen animal. Los macrobióticos, que buscan un equilibrio espiritual y físico alimentándose principalmente de cereales, semillas y verduras; y los frugívoros, que son veganos, que optan por las frutas, las semillas y“Si los niños están expuestos a críticas de sus pares, por mucho que coman los alimentos más saludables, no serán niños felices”, opina Belén Dussaubat, especialista en Alimentación Viva. los frutos secos, y que no comen cereales, legumbres ni verduras, salvo tomates y paltas. Y también existen los crudívoros que prefieren ingerir los alimentos tal como están en la naturaleza. Comen principalmente frutas, verduras, frutos secos, semillas, cereales y legumbres germinados, y suelen ser veganos, pero también hay una minoría que incluye lácteos no pasteurizados e incluso carne y pescado crudos. “Por esta misma razón yo prefiero llamarla ‘Alimentación Viva’, porque consiste en consumir alimentos llenos de energía vital, nutrientes y enzimas, como las frutas, los vegetales, semillas, nueces y legumbres”, explica Belén Dussaubat, ingeniera comercial y especialista en Raw Vegan Food, como se le dice en inglés a esta forma de alimentación. “Quiero hacer hincapié que esto es un estilo de vida integral, que causa salud y felicidad, y que no es un dogma. Cada uno va a su ritmo, creando su propio camino. Seguir ‘leyes’ en esto, simplemente no va”, recalca.

La leche de la discordia

Luego de saber qué tipo de alimentación se quiere para los hijos empieza la tarea de acomodar los requerimientos nutricionales que necesitan. Y uno de ellos es el calcio. “Una dieta vegetariana láctea posee una proteína de alto valor biológico, lo que no genera contraindicaciones. Pero en el caso de los veganos o de los que llevan dietas estrictas es distinto. Generalmente, ellos consumen leches vegetales, cuyas cualidades no tienen nada que ver con las de la leche de vaca o de cualquier mamífero”, afirma la nutricionista Verónica Cornejo. Según la especialista, el calcio de la leche de almendra, de soya o de arroz es atrapado por los fitatos de las frutas y las verduras, lo que impide su absorción. “Como no alcanza a entrar ni siquiera al torrente sanguíneo, en estos casos hay que suplementar. La fijación de calcio ocurre a los 13 años en las mujeres y a los 16, en los hombres. Es ahí cuando se establece la densidad mineral de los huesos. Entonces, si no tienen la cantidad suficiente, existe la posibilidad de que en el futuro desarrollen una osteopenia, que es riesgo de osteoporosis, u osteoporosis cuando sean ancianos”, cuenta la especialista.

Pero Belén Dussaubat discrepa. “Se asume que para la formación saludable de los huesos, los niños deben consumir leche porque ‘el calcio contenido en ella es insustituible’. Este es uno de los mitos más arraigados en nuestra sociedad y, por lo mismo, es un tema delicado”, dice. “Los lácteos sí contienen calcio, pero gran parte no se asimila. Y eso pasa porque carecemos de enzimas que permitan digerir la secreción mamaria de un animal de otra especie, a su bajo nivel de magnesio, fundamental para la absorción del calcio, y a su efecto acidificante”, explica.

“El problema de la leche, acá en Chile, es que es tremendamente procesada”, dice la pediatra antroposófica Carina Vaca Zeller. “Existen muchos trabajos en contra de la leche, pero la mayoría se basa en las que venden en el supermercado, entonces no sé si los resultados serían los mismos si se usaran leches traídas directamente del animal. Si tuviésemos leche de vacas orgánicas o biodinámicas, podría decir lo que voy a decir: que es un alimento excelente durante los primeros años de vida. Para los niños es importante y las leches vegetales que sí son saludables, no la reemplazan”, opina. Y añade: “Hay que aclarar, eso sí, que la intolerancia a la lactosa es una enfermedad de adultos y que ante tantos casos de alergia a la proteína de la leche, cabe preguntarse por qué los seres humanos estamos tan débiles que ya no somos capaces de tolerar ni la leche”.

Zinc, DHA y B12

El calcio no es lo único en lo que se deben fijar los padres. También deben preocuparse del zinc, un micromineral que participa en más de 300 acciones dentro del organismo, presente en alimentos como los brotes de trigo, las espinacas y las semillas de zapallo; y del DHA, un ácido graso que está en todos los pescados y los alimentos provenientes del mar y que es imprescindible para el desarrollo del sistema nervioso central. “Cuando eres vegetariano y tu hijo también va a serlo, hay que tener en cuenta que su deficiencia puede generar problemas de visión, que devienen en dificultades en el aprendizaje”, cuenta Verónica Cornejo. “Las semillas oleaginosas como la chía son alfalinolénicas o precursoras de DHA, es decir, contienen sustancias que después de pasar por diversas reacciones se transforman en DHA, y es por eso que se aconseja su consumo”, revela. Pero quizás con la que hay que poner mayor atención es con la vitamina B12, que se encuentra en las carnes rojas. “El organismo es capaz de almacenarla para funcionar sin ella hasta por cinco años, pero pasado ese periodo empieza el déficit y se corre el riesgo de sufrir una anemia megaloblástica, debido a que participa en el proceso de formación de la sangre”, explica la nutricionista. Para las mujeres veganas que quieren tener hijos o que están embarazadas, es aun más crucial. “Las reservas para ellas están bien, pero la guagua nace con niveles bajos y recibe leche materna que también es baja en B12, entonces hay una deficiencia precoz que puede desencadenar algo mucho más grave, como una acidosis metabólica o caer en coma. Por eso es importante que las madres vegetarianas o veganas se preocupen de suplementarla”, asevera.

A pesar de las diferencias, Belén Dussaubat enfatiza: “Si los niños viven mucha tensión, están expuestos a críticas de sus pares y están confundidos respecto a qué forma de alimentarse es la ideal, por mucho que coman los alimentos más saludables del planeta, no serán niños felices. Y por ende, no serán sanos. Salud es sinónimo de equilibrio. Es bienestar”.

 

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