Publicado en: Mar, Feb 14th, 2017

DE GRANDES Y PEQUEÑOS

Guatemala se nos cae a pedazos. La canasta básica es inalcanzable para la mayor parte de la población, las escuelas ni paredes tienen y los hospitales están desabastecido; tampoco existen carreteras decentes y mucho menos seguridad para los ciudadanos. Los niños salen en la mañana y el Estado no da garantías de que volverán a salvo al seno de su hogar, como pasó con Carlos y Oscar, los sanjuaneritos que partieron de su casa hacia la escuela, fueron secuestrados y ayer aparecieron asesinados y metidos entre costales.

Para que la gente tenga acceso a los servicios básicos se necesita dinero que pague por ellos, y el dinero sale únicamente de los impuestos o de préstamos. Con relación a estos últimos, cualquier padre de familia sabe que empezar a vivir de créditos es colocarse un lazo al cuello que lo ahorcará en el futuro, y lo mismo sucede en un país que se endeuda.

En días recientes, grupos empresariales han movido sus piezas en el tablero, buscando que les disminuyan los impuestos. Ganaderos y cafetaleros han estado muy activos, exigiendo, manifestando, opinando y negociando, en busca de pagar menos que los demás guatemaltecos. Hoy, otro grupo pide que las nuevas empresas emprendedoras no paguen ni el IVA ni el ISR durante cuatro años. Estas negociaciones han hecho que la SAT brinque asustada, ya que si se llegan a concretar las aspiraciones del sector más rico del país, la recaudación tributaria bajará. Al mismo tiempo, se está pidiendo de nuevo que la base tributaria sea ampliada, lo que significa que quienes viven desahogadamente paguen menos, pero que las capas más pobres carguen con el peso. La lógica dicta que quienes ganan más deben pagar más impuestos, los que ganan igual deben pagar la misma suma y quienes ganan poco, deberán pagar menos.

Se ha venido diciendo, cada vez con mayor insistencia, que podríamos estar al borde de un estallido social, y al no poner atención a las necesidades más apremiantes de la población, esta amenaza se acrecienta. La prudencia dice que se debe atender a los que no tienen capacidad de proveer para ellos y sus familias. Y son los más fuertes los que deben llevar la carga más pesada para ayudar a los débiles a salir adelante.

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