Publicado en: Jue, Feb 1st, 2018

LA VOLUNTAD DE LA CLASE DOMINANTE ERIGIDA EN LEY

Hugo René Rivera

El Estado desde el punto de vista científico es una ficción jurídica creada por el capitalismo para mostrar la violencia y el autoritarismo del sistema.

Desde el feudalismo, el mercantilismo y las modernas formas de la burguesía, sus mecanismos parlamentarios hasta los organismos legislativos de todos los países capitalistas han sido señalados como instrumentos de legalidad de la voluntad de las clases dominantes. En el mejor de los conceptos.

Al Organismo Legislativo en Guatemala y en lenguaje coloquial les decimos corruptos, vendepatrias, lamebotas, lame (otra cosa), choleros, ineptos, burros, ratas, traidores, los epítetos que hacen falta abundan.

No es difícil entonces comprender que el Organismo Legislativo se convierta en el mercado donde se manejan los negocios comunes de las clases dominantes. Esta es la razón por la que genera “su crisis”. Actualmente la facción dominante es la burguesía terrorista que ejerce el control del Estado. En contradicción aparece la facción legalista, la dueña del capital industrial, financiero, empresarial y terratenientes que se erigen como “salvadores” de la crisis institucional que vive “su orden político.” Y marcando el paso en ambos sentidos, la elite militar, sectores sociales, partidos políticos, funcionarios corruptos y los corrompibles, medios de comunicación, libres pensadores, que esperan en fila se les tome en cuenta. (y tras bambalinas: “los chelones”).

Y a todo esto, a la población empobrecida no les beneficia en nada la propuesta de una, dos o tres planillas, y una ganadora para que dirijan el estercolero. Es ilusorio pensar que de este Congreso pueda salir algo bueno, también pensar que la batalla inmediata es vencer la estrategia de Álvaro Arzú. Todos los diputados están en sintonía, pues les interesa hacer creer al pueblo que hay debate y que algo bueno saldrá.

Hoy 158 diputados se debaten por batir el estiércol de la letrina, a ver si de la batida sacan la porquería menos porquería.

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