Publicado en: Vie, Jul 13th, 2018

“Las sanciones al gobierno de Venezuela no pueden lograr mucho sin presión interna”

A falta de efectos tangibles, las sanciones individuales contra funcionarios del Estado venezolano sí generan gestos sutiles: la preocupación de la esposa de un gobernador, la extrema amabilidad de un ministro con un embajador europeo…

El 25 de junio, la Unión Europea sancionó a otros 11 altos cargos del Estado, a los que se les impide viajar y se les congelan posibles activos que tengan en el Viejo Continente.

Este miércoles, Suiza anunció que se unía a las sanciones contra los 11 altos funcionarios, incluida la vicepresidenta, Delcy Rodriguez.

Desde que Estados Unidos empezó a implantar sanciones personales en marzo de 2015, unos 100 funcionarios venezolanos han sido castigados por Washington, la Unión Europea, Canadá, Suiza o incluso por Panamá.

Estos países y una mayoría de los vecinos latinoamericanos de Venezuela exigen al presidente, Nicolás Maduro, unas elecciones libres y justas y la llegada de ayuda humanitaria a un país con desabastecimiento de medicinas, alimentos y otros productos básicos y con una hiperinflación que dispara los precios casi a diario.

Nicolás MaduroDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLas sanciones han avivado la retórica antiimperialista del gobierno de Venezuela.

A partir de agosto de 2017 Estados Unidos implementó además sanciones financieras que impiden la emisión de nueva deuda al país petrolero.

De momento, el gobierno aguanta la presión y justifica con las sanciones la crisis económica por el supuesto “bloqueo” impuesto por Estados Unidos y los otros países.

Tras la reelección de Maduro en unos comicios en los que no participó gran parte de la oposición, Venezuela se encuentra en un estado de parálisis en el que la economía empeora, el gobierno no introduce cambios efectivos ni la oposición se regenera.

Sólo parecen quedar el goteo de sanciones y la presión de una parte de la comunidad internacional.

Para hablar de este momento, en BBC Mundo entrevistamos al analista estadounidense David Smilde, responsable de un blog sobre política en Venezuela en el centro de estudios WOLA (The Washington Office on Latin America).

Esta organización, que asesora a legisladores de Washington, entre otros, es crítica con algunos aspectos de la aplicación actual de las sanciones.

Banderas de Venezuela y Estados Unidos,Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionLas relaciones entre los gobiernos de Venezuela y Estados Unidos pasan por un momento muy tenso.

Ya van más de tres años de sanciones personales. Muchos no ven ningún efecto. ¿Es una estrategia a largo plazo o sencillamente sirven de poco?

No sabemos aún el fin de la historia. Lo que se sabe es que, por lo general, no funcionan. Lo que hace más probable que funcionen es si son sanciones multilaterales, si son reversibles y si hay un programa de comunicación.

¿Y eso no está pasando?

Han mejorado. Las sanciones de la Unión Europea dicen que son reversibles y las toman en bloque todos los países. Que sean reversibles es bueno y en el último tiempo son relativamente multilaterales. Eso las hace más efectivas, porque suben los costos de represión. Ya no es que no puedo ir a Disney en Orlando, sino a ningún lugar de Europa ni a Panamá (…)

Cancilleres.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLos cancilleres del llamado Grupo de Lima han tomado medidas diplomáticas contra Venezuela.

Las sanciones buscan un quiebre interno, pero a veces provocan el efecto contrario: mayor repliegue

Los políticos (en Estados Unidos) deciden aplicar sanciones por su calidad expresiva y en eso funcionan, porque si no, los (legisladores estadounidenses) anticastristas habrían sido sacados de sus escaños hace muchísimo tiempo. Pero no las aplican tanto por lo que logran.

Lo que hacen es agregar nombres, más nombres (a la lista de sancionados). Pero si buscas dividir al gobierno entre sancionados y no sancionados, no puedes tener a todos sancionados, porque la geometría no da. Lo que se puede hacer es sancionar más y más a la misma gente, pero muy pocos lo hacen porque no es muy mediático para los políticos (…)

Es difícil imaginar que estas sanciones vayan a resultar en alguna transición o regreso a la democracia, pero igual, si todos los países dejaran a Venezuela sola, (el gobierno) va a apretar las tuercas aún más. Es usar un instrumento no muy satisfactorio versus no hacer nada.

Los expatriados por lo general son muy malos políticos, poco prestos a soluciones pragmáticas que podrían tener un impacto”

¿Pero cree que lastiman al gobierno?

Ahora las sanciones hacen que al gobierno se le enrede la lengua. Una cosa es decir que Estados Unidos está conspirando a decir que Estados Unidos, Unión Europea, Canadá, Panamá y Suiza están conspirando. Es más difícil retóricamente (…) Pero no tienen un impacto decisivo. Son medidas de presión, pero hace falta una oposición, un movimiento interno que pueda luchar frontalmente contra el gobierno. Y eso no hay.

Marco RubioDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl senador Marco Rubio es uno de los más activos en Washington para reclamar sanciones al gobierno de Venezuela.

Es decir, ¿sin oposición interna no son efectivas?

No creo que las sanciones o la presión internacional puedan lograr mucho sin algún tipo de presión interna.

Las sanciones de Estados Unidos son alentadas por parte del exilio venezolano que tiene acceso a legisladores como el senador Marco Rubio o incluso al vicepresidente Mike Pence. La situación recuerda un poco a Cuba en ese sentido. ¿Cree que el exilio venezolano se empieza a parecer al cubano?

Creo que sí. Los que están afuera no tienen el mismo sentido de urgencia. Aman a su país, les desagrada lo que está pasando, quieren hacer algo, lo expresan, pero si no funciona, pues no es como si estuvieras en Venezuela (…)

Los que están afuera tiene mucha pasión, mucha rabia, y con mucha razón, porque su vida ha cambiado y ha empeorado. Y quieren expresar esa rabia y no sufren las consecuencias. Tienen una política extremista y falta de sabiduría, de pragmatismo…

El gobierno no va a caer por humillación. Hay que remar, hay que enfrentarlo, ser más inteligente y eso se hace en la tierra, haciendo política (…) Los expatriados por lo general son muy malos políticos, poco prestos a soluciones pragmáticas que podrían tener un impacto. Si uno lee sobre la transición de Polonia, los acuerdos a los que llegaban…

Mike Pence.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionEl vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, en una visita a un centro para inmigrantes venezolanos en Brasil.

Además de las personales están las sanciones financieras, que no sólo impactan a las arcas del gobierno, sino también a la gente de la calle.

(En WOLA) Estamos muy en contra de sanciones generales contra el petróleo, contra el comercio, porque pensamos que van a pegar al pueblo más que a otra persona. Esas sanciones financieras se implementaron en septiembre (de 2017) y previenen emisión de deuda. Pensamos que era positivo.

Peo ahora se ha puesto la cosa más complicada, porque han tenido efectos indirectos. Hay muchas cosas que no están sancionadas pero que terminan sancionadas. Hay cargamentos de petróleo que no desembarcan, porque ningún banco da una garantía. Grupos de derechos humanos que importan medicinas y tienen cuentas cerradas. Hay un efecto de cumplir por encima de lo que marca la sanción.

Pese a todo, se mantienen puentes. El gobernador del estado Carabobo, Rafael Lacava, que tiene experiencia diplomática, habla idiomas y no está sancionado, estuvo hace poco en Estados Unidos y es uno de los artífices de la reciente liberación del ciudadano estadounidense Joshua Holt.

Es el tipo de cosas que son sumamente importantes. Es el lazo que hay que mantener abierto y si hay un problema y se llega a una situación desesperada, una sublevación, protestas, el gobierno se cae o la economía se funde totalmente, estas personas serían las que llegarían a un acuerdo. Los que tejen un acuerdo.

Joshua Holt y Donald Trump.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionJoshua Holt fue recibido por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras ser liberado por Venezuela.
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