Publicado en: Mar, Dic 5th, 2017

MOMENTO DE REFLEXIONAR

Por Elvira López
Desde que tengo memoria, mi línea ideológica de pensamiento ha sido siempre de izquierda revolucionaria, y en mis años de juventud, me declaré anti-empresarial, anti-militar y anti-imperialista. Con el ejercicio político que me ha tocado realizar, he aprendido a conocer, dialogar, tolerar e incluir, y las descalificaciones y sectarismos ya no son parte en mi actividad política; he conocido personas de gran valor en el empresariado (no monopólicas ni oligopólicas) y en el sector del ejército, y todos los sectores son importantes y necesaria su participación en la transformación del país. Mi visión pues es otra, ya no soy la misma de antaño, ni anti-empresarial, ni anti-militar, pero moriré siendo anti-imperialista… ¡ya no más la bota yanqui sobre Latinoamérica!!! ¡Viva el pueblo de Honduras, su democracia y sus luchas!

Y en ese ejercicio político he visualizado con lamento cómo los lideres o representantes de diferentes movimientos sociales, organizaciones políticas o diversos sectores se descalifican con excesos de egolatrismo, inundados de yoísmo, cuando el país está sumergido en una caótica crisis aunque es el momento de la unidad en la diversidad, de la unidad aún con diferencias ideológicas, de la unidad para lograr la fuerza necesaria requerida para la transformación de este país.

La consigna debería ser “ni un niño más con desnutrición, ni un joven más involucrado en el crimen organizado y las maras por falta de oportunidades”, si cada líder, ciudadano, representante de sectores, organizaciones o movimientos se desnudara de los vejámenes de la egolatría, de protagonismos y más aún, de intereses personales o sectarios, y con humildad reconocieran la importancia de la unidad para luchar juntos por esas condiciones de dignidad que necesita cada niño, joven, mujer, pueblos originarios y cada ciudadano para vivir en bienestar, en paz y con justicia, otra sería nuestra historia; la división y la polarización la han sabido manejar las élites económicas para mantenernos estancados, sin avanzar, sin luchar, sin lograr el gran objetivo.

La solidaridad con el pueblo hondureño, y la admiración y respeto por su accionar, debe llevarnos a reflexionar, qué es lo que queremos cómo país, qué es lo que necesitamos como región, aunque todos somos responsables de la crítica situación en que vivimos. Los grandes males de nuestro país los han ocasionado la cúpula económica que quiere mantener un status quo para seguir con sus grandes privilegios y el imperio yanqui. Es el tiempo de construir ciudadanía, es el tiempo de la organización y la participación, es el tiempo de la lucha por la Refundación, por un nuevo Estado de Derecho, Plurinacional, equitativo y verdaderamente democrático.

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