Publicado en: Lun, Feb 27th, 2017

“SOBRE EL RACISMO Y LA GRANDEZA DE NELSON MANDELA”

Por Edmundo López

Según el intelectual Alberto Memmi, el racismo es la valorización generalizada y definitiva de diferencias reales o imaginarias en beneficio del acusador – el racista – y en detrimento de su víctima, a fin de justificar sus privilegios y su agresión.

En Sudáfrica, un enorme país situado en África, un país de más de 25 millones de población negra, una minoría de cerca de 3 millones de blancos originarios de Holanda, se apoderaron de esos enormes territorios, confiscaron y expropiaron las mejores tierras en beneficio de ellos e impusieron por la violencia un sistema jurídico racista llamado Apartheid, discriminando y esclavizando a la mayoría de la población negra, despojándola de todo derecho, de garantías individuales y derechos humanos.

Nelson Mandela, gran Líder Político, negro y representante legítimo de su pueblo, estructuró un partido político, CNA, y se opuso al gobierno blanco que imponía esas leyes brutales. Fue encarcelado y condenado a cadena perpetua en una isla inhóspita, estuvo privado de libertad por más de 27 años. Con cierta sabiduría, pero también miedo a un alzamiento por parte del pueblo negro mayoritario, el Presidente blanco, De Klerk, liberó a Nelson Mandela, respetó su liderazgo, su representatividad y sus valores políticos y éticos, y de común acuerdo eliminaron el perverso sistema jurídico apartheid y convocaron a elecciones.

Nelson Mandela, visionario y humanista fue electo Presidente de Sudáfrica, el blanco que abandonó el racismo se convirtió en Reformador, De Klerk quedó de Vicepresidente; ambos ganaron el Premio Nobel de la Paz y llevaron la Democracia profunda a Sudáfrica, reconociendo los aspectos positivos del derecho occidental y el derecho consuetudinario de los pueblos africanos.

Todos estos sucesos que ponen de manifiesto el progreso social, el humanismo y la sabiduría de ambos líderes, pero especialmente la grandeza moral y la visión estratégica de Nelson Mandela ocurrieron entre los años 1990 y 1995 del siglo XX.   Esto demuestra que los pueblos pueden avanzar, resolviendo de manera pacífica y racional sus más graves problemas, cuando surgen líderes de esa talla, que tristemente a veces son asesinados, como ocurrió en nuestra patria con el gran líder nacional, el visionario, gran Alcalde de la Metrópoli que fue Manuel Colom Argueta. Cuando los problemas no se resuelven inteligentemente y se recurre a la desinformación y a la guerra sicológica para justificar el racismo encubierto, los pueblos pueden estancarse o retroceder.

Guatemala se encuentra ante cualquiera de esas posibilidades, el proyecto de Democracia Real, sociedad con libertad, justicia, soberanía y desarrollo social debe triunfar, haciendo real el Bien Común.

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